reconoce sus orígenes

Empujones, desorden, estrés. colas interminables para votar.

¿ME COLAS?

Un domingo caótico. Una jornada democrática que fue todo menos fiesta.

Publicado: 2016-04-12

Hace meses cuando se lanzó la opción de poder cambiar el centro de votación por uno cercano, me pareció una idea brillante. Votar a 7 cuadras de mi casa y ya no en la Av. Alfonso Ugarte, era todo un alivio. Ya no vería vendedores de bombitas, siete colores (hola, Mayimbú) y demás. Era caminar, acompañado por mi viejo, a un lugar tranquilo y donde suponía, cumpliría mi deber cívico sin problemas.

Sin embargo, a medida que me aproximaba al colegio San Norberto en Santa Catalina, el panorama era otro. La cuadra estaba rodeada por gente que hacía largas colas y eso que eran solamente para ingresar al centro de estudios. Me vestí de Nostradamus por un instante y me imaginé allí, parado, horas de horas y felizmente se me prendió el foco. No me enorgullezco de aplicar la cultura chicha, pero no me quedaba de otra. Decidí irme a otra cola y como si mi padre fuera el votante y yo el acompañante, ingresamos. Igual adentro todo era caótico. Los militares y policías estaban tan perdidos como Marco en el Día de la Madre y no sabían dar razón a los miles de electores que ya empezaban a desesperarse. Gritos, insultos, estrés, calor. Todo sumado. Hasta que por fin pude votar y al menos los miembros de mesa, con su sonrisa aplacaron mi ira. No esperé tanto como muchas personas, sin embargo igual, 1 hora y media es demasiado para una operación que normalmente, toma menos de un minuto.

Así, fuí al encuentro de mi novia que si pasaba las de Caín. A cuadras de mi casa, en la Universidad Peruana de los Andes, la cosa no andaba, estaba estancada. Nosotros mismos, tuvimos que fungir de operarios de la ONPE y jugar al bingo, literalmente. Gritábamos la letra de los apellidos que podían pasar sin hacer cola, porque así fue el mecanismo en este lugar. Todo un cambalache. Desorden e incomodidad fue lo que vivimos todos en estas elecciones. De las 4 en que he participado, esta fue la más caótica.

 Al ir a comer con mis suegros y mi novia, pretendíamos comer en Villa Chicken, pero ¿adivinen que nos ahuyentó?, más colas. No había forma de perder más tiempo en el domingo. Un 10 de abril que quedará en la memoria como el día en que el proceso electoral siguió por la línea en que empezó: desastrosa. Con candidatos tachados y otros a los que sus acciones se les pasó por agua tibia.

Un arroz con mango, ceviche y ensalada. Todo terminó (entre comillas, porque toca la segunda vuelta), pero espero nomás se cumpla lo que dijo un funcionario y escuché de pasadita: "Es que ya sabíamos que habría otra vuelta, para ese momento, ya estaremos más organizados. Así sea.


Escrito por

Javier Adhemir Cavero Chavera

Escribo cuando estoy inspirado, me inspiro cuando escribo.


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